PodMixtapes 00001 – Noche de Insomnio
Hay noches en las que el sueño no llega. Cambias de postura, miras la hora y esperas un poco más, hasta que decides levantarte. Enciendes una luz, después el ordenador, y descubres que esas horas pueden convertirse en un lugar para escuchar. Así nació este especial de PodMixtapes: una madrugada en vela que terminó encontrando su propia selección musical.
«Noche de Insomnio» se incorpora a los especiales con numeración independiente, junto a «PodMixtapes 00000 – 40 Dead Can Dance». Son programas que aparecen cuando una idea pide espacio. En esta ocasión, doce piezas construyen un recorrido que empieza en la intimidad, atraviesa paisajes oníricos y pesadillas, y termina en una calma donde resulta agradable quedarse.
La noche tiene muchas vidas. Para quienes trabajamos en ella, también significa actividad, conversaciones, movimiento y asuntos que resolver. Por eso sorprende tanto su quietud cuando estamos fuera de ese ambiente. A la misma hora en que conocemos lugares llenos de energía, una calle vacía parece pertenecer a otro mundo. Este programa nace también de ese contraste: estar completamente despierto mientras alrededor todo parece haberse detenido.
Una luz encendida
El viaje comienza con «Protection», de Massive Attack, en su versión larga. La voz de Tracey Thorn establece una cercanía que acompaña desde el primer momento. El bajo y el ritmo crean un espacio cálido, con suficiente aire para entrar sin prisas. Durante casi ocho minutos podemos acomodarnos y empezar a prestar atención a esos detalles que el silencio de madrugada vuelve más perceptibles.
Después llega «Mysteries», de Beth Gibbons y Rustin Man. La guitarra y la voz cambian la escala del programa: todo parece estar sucediendo dentro de la habitación. Hay fragilidad, pero también una serenidad que permite escuchar cada inflexión. Es una canción de una belleza discreta y profunda, capaz de detenernos sin levantar la voz. Tras la amplitud de «Protection», su intimidad abre una puerta hacia lo más personal.
Talk Talk ocupa el tercer lugar con «I Believe in You». La interpretación de Mark Hollis conserva esa vulnerabilidad y la sitúa en un espacio que va creciendo lentamente. Los silencios, la instrumentación y las voces corales forman un paisaje de recogimiento, aunque debajo permanezca cierta inquietud. Escuchada a estas horas, parece tener una relación especial con todo lo que queda suspendido entre una frase y la siguiente.
Con «The Downtown Lights», The Blue Nile nos devuelve a la ciudad. Los sintetizadores y el pulso introducen movimiento, mientras Paul Buchanan mantiene la emoción cerca. Podemos imaginar ventanas iluminadas, trayectos nocturnos y personas que siguen despiertas al otro lado de los edificios. La canción crece y libera algo que las anteriores habían mantenido contenido. Es el momento de salir mentalmente de casa y caminar.
El sueño cambia de forma
David Sylvian abre el tramo central con «Before the Bullfight». Sus más de nueve minutos permiten una inmersión prolongada, llena de espacio y pequeños cambios. La voz, las guitarras y los colores instrumentales van desplazándonos hacia una escucha menos pendiente del tiempo. La ciudad empieza a quedar lejos. El programa entra en ese estado en el que un pensamiento conduce a otro sin que sepamos explicar del todo la relación.
A continuación aparece «Subterraneans», de David Bowie. Es una de las piezas que dieron sentido a este especial: un paisaje suspendido donde el saxo y la voz parecen llegar desde una distancia difícil de medir. La descubrí en un programa especial de «El Mundo de la Fonografía», en Radio Clásica, y aquella fascinación ha permanecido conmigo. Recuperarla aquí prolonga una cadena de escuchas: algo que llegó a través de la radio encuentra ahora su lugar en otra madrugada compartida.
Kate Bush transforma esa suspensión en una pesadilla con «Waking the Witch». El comienzo, con piano y voces que intentan despertar a alguien, pronto se fragmenta. Irrumpen voces deformadas, percusión y cambios bruscos que alteran cualquier sensación de seguridad. Dentro del episodio funciona como una sacudida: hemos pasado de contemplar un mundo extraño a estar atrapados en su interior. La noche adquiere una intensidad inesperada.
Después de esa agitación, Scott Walker introduce otra forma de inquietud con «Farmer in the City». Su voz y las cuerdas crean una escena solemne, de una belleza que resulta difícil separar del desasosiego. La música avanza despacio y cada frase parece tener un peso particular. Podría ser una ciudad reconocible que, dentro del sueño, ha cambiado de significado. Es uno de los momentos más hondos del recorrido.
Dejarse llevar
«Unravel», de Björk, abre una pequeña zona de ternura. Después de Walker, la cercanía de su voz modifica el ambiente sin romperlo. El acompañamiento parece respirar alrededor de ella y la emoción encuentra una expresión delicada. Seguimos en un territorio extraño, pero empieza a aliviarse la tensión. Su brevedad concentra el sentimiento y deja espacio para que el último tramo tome forma.
Yves Tumor continúa con «Limerence». Las capas ambientales y los fragmentos de conversación sugieren recuerdos que vuelven incompletos. Hay voces, cercanía y distancia al mismo tiempo, como si estuviéramos escuchando una escena que ya solo existe en la memoria. La pieza permite abandonar poco a poco la estructura de canción y entrar en una percepción más difusa, donde importa tanto lo que reconocemos como aquello que se nos escapa.
La undécima parada es «Heavy Water / I’d Rather Be Sleeping», de Grouper. La guitarra y la voz llegan envueltas en bruma, con una melodía que parece familiar incluso antes de distinguirla. Después de «Limerence», aporta una calidez recogida, una sensación de cansancio dulce. Es el instante en que intentamos conservar una imagen mientras el sueño empieza a borrarla.
Julianna Barwick cierra con «The Harbinger». Sus capas vocales y las cuerdas ensanchan el espacio y dejan que la inquietud pierda fuerza. La despedida llega antes, para que esta última pieza pueda desarrollarse completa. Sus sonidos nos acompañan hasta el final, con una luminosidad suave que conserva algo del misterio de todo lo escuchado.
«Noche de Insomnio» reúne doce canciones y seis intervenciones breves para compartir una madrugada. Puede acompañar un turno de trabajo, un regreso a casa o esas horas en las que resulta imposible dormir. También puede escucharse de día y abrir, durante un rato, una ventana hacia otra luz.
Una noche en vela, el ordenador encendido y el placer de descubrir adónde puede llevarnos la música.
Archivo Sonoro


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